La verdad, cueste lo que cueste. Vía Libre, el primer periódico de San Luis Río Colorado, 1946-1947.

Por Alvaro Apodaca Mendoza

Llegados a los años cuarenta del siglo XX México experimentó un auge económico derivado principalmente de los sucesos ocurridos en la Segunda Guerra Mundial, pues mientras las potencias se encontraban en pleno conflicto, en el territorio nacional se suscitaron hechos que aportaron enormemente a la bonanza económica como la expropiación petrolera, la implementación del programa bracero e incluso la producción y exportación cinematográfica. A este periodo se le conoció popularmente como el “Milagro Mexicano”, de esta manera se comenzó a gestar la idea de la modernidad y la progreso la cual permeó a lo largo de todo el país.

La aparición de Vía Libre.       

En medio de la efervescente campaña política del candidato a la presidencia de la república, Miguel Alemán Valdez, surgió el 6 de enero de 1946, el primer periódico de San Luis Río Colorado, Sonora, titulado Vía Libre, un semanario político-social de afiliación alemanista publicado por la sección número 2 del sindicato único de trabajadores de gobierno, y distribuido en la Botica Cruz Blanca.[1] Si algo distinguió a Vía Libre, fue su carácter ideológico y orientación política, un órgano de difusión creado específicamente con la intención de promover la campaña presidencial de Miguel Alemán y enaltecer al presidente Manuel Ávila Camacho, así como la gobernatura estatal del Gral. Abelardo L. Rodríguez en Sonora.[2]

A pesar de ser un periódico con respaldo institucional, vía libre se vio marcado en sus inicios por una notable inconsistencia, que, si bien, se planteó como un semanario, en sus primeros ocho meses se publicaron solamente diez números. Entre otros factores como la falta de elementos tipográficos y medios de transportes, destaca el ataque directo a Enrique Torres Acuña, fundador y director del periódico, quien, tras la publicación del tercer número, su automóvil fue incendiado presuntamente por la oposición política,[3] naciendo de esta manera el lema del periódico, “La verdad, cueste lo que cueste”. La tensión y el conflicto perduró en el ambiente por meses aún después de sucedido el altercado, asegurando, siete meses después, que, los obstáculos y las fechorías de los “enemigos” de vía libre no han hecho nada más que favorecer y fortalecer la lucha contra los centros de vicio y la oposición.[4]

La idea del periodismo de Vía Libre radicó en la honradez como eje central de la labor del periodista, una cualidad derivada del correcto uso del órgano de difusión para encaminar a la sociedad, previniéndola de los parásitos de la misma. La sociedad de San Luis Río Colorado (según Vía Libre) se encontraba desorientada debido a los múltiples centros de vicio que en la ciudad estaban instalados, describiéndoles a estos como “frutos podridos” que contaminaban a los “frutos sanos” (la sociedad), quienes eran fácilmente corrompidos, y, por ende, incapaces de componer a la podrida, recayendo la labor de apartar la podredumbre humana en el periodista.[5] Asimismo, despreciaba y condenaba a aquellos colegas que promovían el morbo y no se alinearan con los ideales gubernamentales.[6]

Para Enrique Torres Acuña, el periodismo representaba la concurrencia múltiple de los hombres, las cosas y los hechos,[7] una concepción derivada de la necesidad innata del humano por “penetrar” lo desconocido y de informarse de las circunstancias en relación con el acontecer diario de la acción humana, mismas que revelan el clima moral y político de las sociedades. El periódico, adquiría entonces el dote de portavoz de la razón humana, un instrumento practico que reúne en sí la comunicación del periodista al ciudadano que le lee.

El periodista, forja bajo su reinterpretación el residuo de la conciencia colectiva, sustancia de la naturaleza del clima social. En este sentido, dentro del periódico se plasma todos los días “la historia que debe permanecer como asida en la palabra sencilla del observador de siempre: el periodista”.[8]

Dentro de dicho esquema resalta el deber del periodista, siendo la búsqueda de la verdad lisa y llana (cueste lo que cueste), el principal objetivo de este. El periodista se debía manejar en un sendero de integridad y rectitud, buscando siempre la veracidad en sus reflexiones, pues, según Vía Libre: “la prostitución y la adulación son los dos caminos más oprobiosos, pero más sencillos para adquirir fácilmente el dinero”.[9] Bajo este mismo planteamiento, Vía Libre se percibía a sí mismo inmerso en una lucha político-cultural que pretendía castigar a los “malhechores” que atentaran contra las buenas maneras de la sociedad y la ley.[10]

En sus inicios, Vía Libre se conformó a partir de una sólida lista de colaboradores y patrocinadores quienes abonaron a que el órgano viera la luz. Entre sus filas se encontraban restaurantes, tiendas departamentales, distribuidoras y boticas, sin embargo, algo que resalta entre los negocios que se anunciaban en sus páginas, es la presencia de la distribuidora de cerveza Tecate,  la distribuidora mercantil de cerveza Carta Blanca, cerveza Mexicali y el Club Internacional (quien además era elogiado por el fundador del periódico),[11] tres negocios que contradecían fuertemente el discurso e ideales del periódico, debido a las implicaciones que a estos constituían.

Naturalmente, vía libre dedicó su vida a publicar innumerables notas de carácter político que oscilaban entre el nivel nacional hasta el local, sirviéndose de distintos mecanismos que le permitieron expresar las opiniones de sus colaboradores, siendo el principal una columna de opinión colocada al extremo izquierdo de la primera plana titulada lo que escuché y lo que vi publicada bajo el seudónimo de tecolotito austero.

El culto al progreso

La política de la modernización imperante en el México de los años cuarenta del siglo XX repercutió fuertemente en las ciudades fronterizas de la nación. Mostrar una imagen del nuevo México al vecino país Estados Unidos era la prioridad, especialmente para una región “olvidada”[1] como lo era San Luis Río Colorado. Tras haberse recién elevado a la categoría de municipio en el año de 1939, la década de los cuarenta significó para la localidad un periodo de importante progreso en términos de obra pública, y Vía Libre fue una parte medular de dicho proceso; cada proyecto y obra realizada era enaltecida en pro del discurso progresista.[2]

En la lógica nacionalista, el progreso responde a un proceso de modernización a partir de elementos concretos, entre ellos, la urbanización. Alrededor de todo el Estado comenzaron a surgir edificaciones que adoptaron el discurso y diseños de la modernidad. La arquitectura y los arquitectos tuvieron un papel fundamental para la creación de estos espacios los cuales priorizaron la utilidad sobre la estética. Esta tendencia tuvo una amplia relevancia en las administraciones de los presidentes Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y Miguel Alemán (1946-1952), quienes operaron bajo la iniciativa de producir espacios habitables.[3]

En Sonora en este mismo periodo surge el General Abelardo L. Rodríguez quien se postula para gobernador del Estado. En sus discursos como candidato es notable una fuerte tendencia hacia la modernización y el progreso; dicho por el mismo el 23 de mayo de 1943:

Entre los conglomerados humanos que componen las naciones del mundo, estas se pueden clasificar en varias categorías: las hay potentes, opulentas, avanzadas, progresistas y cultas; las hay débiles, pobres, atrasadas e incultas. A este último grupo, desgraciadamente pertenecemos nosotros, a pesar de que contamos con los elementos básicos para figurar dentro del primero. Contamos con inmensas e incalculables riquezas en recursos naturales que yacen inertes, olvidados y sin explotar, y contamos con un pueblo inteligente, pero atrasado, sin preparación ni conocimientos para aprovechar las circunstancias que nos rodean.[4]

Sin embargo, implementar dichas políticas de urbanización y modernización en una localidad como San Luis Río Colorado no resultaba producente por las dificultades antes mencionadas.

Las primeras obras de urbanización y modernización que suscitaron en la localidad fueron resultado de un proceso de desplazamiento y reorganización urbana donde se privilegiaría el espacio público a partir de la recreación material y moral en contraposición con la zona de tolerancia existente, concretado en la construcción del Templo Católico (actual Parroquia Inmaculada Concepción), el Gran Hotel en contra esquina del Templo y dos parques, uno ubicado frente al templo y el otro frente a la línea internacional.[5] En este mismo sentido, se promovió la idea de la creación de un mercado el cual evitara la fuga de capital en la localidad, y, se aprovechara un gran edificio para el mismo con el fin de “embellecer y engrandecer a este olvidado pueblo”.[6]


[1] En el periodo estudiado, recurrentemente se utilizaba en la prensa regional el término “ciudad olvidada” para referirse a San Luis Río Colorado debido al poco progreso en obra pública, la lejanía con la capital del Estado (Hermosillo) y la cercanía con el Territorio Norte de la Baja California. Periódicos como El Tecolote, El Regional y hasta el propio Vía Libre llegaron a referirse de esta manera a la localidad.

[2] Enrique Torres Acuña, mantuvo incluso buena relación con instituciones públicas y empresariales de la localidad a quienes constantemente animaba a realizar campañas turísticas, sirviendo el mismo periódico para el anuncio de sus negocios. Cada negocio que se inauguraba era motivo de celebración y se acompañaba con un “se ha trazado una nueva ruta hacia el progreso”.

[3] Boils, Guillermo. (1986) Arquitectura y producción del espacio social. En Loyola, Rafael (coord.) Entre la guerra y la estabilidad política. El México de los 40. (pág. 323).

[4] L. Rodríguez, Abelardo. (1949) Ideario (pág. 35). Discurso pronunciado en ocasión de haber sido declarado candidato del Partido de la Revolución Mexicana a Gobernador del Estado.

[5] Vía Libre, 12 de febrero de 1946. (pág. 1). Destacan de igual manera cuatro notas publicadas en primera plana tituladas Así surge un pueblo, Atractivos al turismo, A gran prisa crece esta población y Sueños que parecen convertirse en realidades, todas enfocadas en la noticia del templo, los jardines y el hotel.

[6] Vía Libre, 24 de enero de 1946. (pág. 2).


[1] Vía Libre, 6 de enero de 1946. (pág. 1).

[2] Vía Libre, 20 de enero de 1947. (pág. 1).

[3] Vía Libre, 28 de febrero de 1946. (pág. 2).

[4] Vía Libre, 12 de septiembre de 1946. (pág. 1). Dicho mensaje se hizo público junto con una nota referente al hecho de que, el burdel y lonchería “el Tony”, sufrió un derrumbe debido a las lluvias suscitadas en la localidad, haciendo alusión a que tal acontecimiento responde a un caso explícito de “justicia divina”, debido a que, en la misma cantina, se brindó por el incendio del carro del director del periódico.

[5] Vía Libre, 28 de febrero de 1946. (pág. 3).

[6] Vía Libre, 29 de mayo de 1946. (pág. 6). Tales son los casos de los periódicos El Regional y Orientación de Mexicali, Baja California, a quienes les señaló severamente por sus notas en contra del gobierno federal, acusándoles de antipatriotismo y libertinaje. Torres Acuña mismo realizaba la distinción entre los periodistas “auténticos” y quienes no lo eran, siendo los segundos quienes rebajaban, difamaban y vendían su dignidad a intereses personales y viles.

[7] Vía Libre, 10 de noviembre de 1947. (pág. 3). Idea retomada posteriormente por el periodista y primer cronista de Mexicali, Pedro Filomeno Pérez y Ramírez.

[8] Vía Libre, 10 de noviembre de 1947. (pág. 3).

[9] Vía Libre, 7 de septiembre de 1947. (pág. 2).

[10] Vía Libre, 28 de febrero de 1946. (pág. 3). En la misma tónica de lucha y fundamento político, el periódico llegó incluso a añadir en tono de sátira al artículo 7º constitucional (derecho a la libertad de expresión) como el “responsable” junto a Enrique Torres Acuña, simbolizando la “incansable” lucha que emprendían número tras número.

[11] De los anuncios de los negocios en cuestión, resaltan sin duda los eslóganes y frases utilizadas, referenciando de Cerveza Mexicali el “Exija su cerveza Mexicali, ¡no hay mejor!”, “Carta Blanca, la mejor cerveza de América” y “Internacional Club, el mejor club nocturno de la frontera”.

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