El Mayor Daño. Venta ilegal de píldoras sin prescripción en las boticas de San Luis Río Colorado, Sonora. 1952-1974

Alvaro Apodaca Mendoza

Introducción

La venta ilegal de píldoras sin prescripción ha sido una constante en la historia de México, no solo en el marco del tráfico y criminalización sino de igual manera en el de la irregularidad farmacéutica. En este contexto, las boticas han jugado un papel fundamental para la proliferación de dichas actividades ilícitas y junto con ello todo un panorama referente a la narrativa periodística en torno a dicha problemática, la prensa tuvo un papel fundamental puesto que se implementaron diversas campañas de concientización y moralización para la comunidad enfocadas al fomento de valores, la familia y la unión comunitaria, promoviéndose en la mayoría de los periódicos locales.

En los años sesenta y setenta del siglo XX, San Luis Río Colorado se encontraba en la posteridad de un proceso importante de modernización y consolidación social enmarcado en el “milagro mexicano” el cual constaba en la construcción y definición de un nuevo espacio de esparcimiento social, favorecido por la construcción de diversas instituciones en la misma zona.

En la década de los años sesenta del siglo XX, a pesar de que la agricultura y la ganadería representaban una gran parte de la vida económica de San Luis Río Colorado, el panorama laboral se expandió hacia otros rubros de índole comercial y profesionista. Tras crearse en 1953 la Unión de Profesionistas Universitarios de San Luis R. C., Sonora, una Asociación Civil conformada por médicos, abogados, dentistas y químicos provenientes de distintas partes de la república como Chihuahua, Monterrey y el Estado de México, la localidad experimentó un incremento notable en materia de centros de consulta médica y despachos jurídicos de la mano de la creación de la Unidad Sanitaria y Asistencia, una institución promovida por ayuntamiento la cual se enfocaría específicamente en atender efectivamente las problemáticas y regularización del rubro de la salubridad e higiene.[1] Sin embargo, en el mismo rubro médico, a la par que esto sucedía, surge una problemática importante que permeó todos los ámbitos de la comunidad sanluisina que fue, la apertura de las boticas.

Desde los años cincuenta del siglo XX, estos comercios representaban a nivel nacional un conflicto social por la falta de regulación en la venta de sus productos. El 2 de agosto de 1952 se avisaba desde la Ciudad de México en el periódico La Voz de San Luis sobre la posibilidad de que el 80% de boticas que operaban fueran clausuradas por la falta de personal capacitado, catalogándoles como un verdadero peligro para la sociedad debido a la venta ilegal de píldoras intoxicantes conocidas popularmente como “pingas”.[2] Esta situación repercutió fuertemente en el devenir de San Luis Río Colorado y fue ampliamente señalado por la prensa local.

Como se comentó anteriormente, la vida comercial de San Luis se diversificó ampliamente en los años sesenta del siglo XX. En la ciudad ya no imperaban solamente almacenes y licorerías, sino que había sastrerías, fábricas de gaseosas, joyerías y agencias aduanales, asimismo, dos de los giros más importantes eran representados por restoranes y hoteles. Sin embargo, otro giro con amplia presencia eran las cantinas las cuales estaban ubicadas en la zona de tolerancia. Desde los tiempos de la comisaría los centros nocturnos fueron parte importante de la vida económica de San Luis Río Colorado, para 1966, si bien la economía no dependía netamente de estos comercios, si tenían una amplia presencia, particularmente el Club Las Vegas, el Centro Nocturno Paradise, La Fiesta y el Night Club Chula Vista.[3] Estas dos situaciones, las boticas y la zona de tolerancia devinieron en una problemática aun mayor, la juventud sanluisina que se vio directamente inmersa en dichas dinámicas de perjuicio e inmoralidad. La venta irregular de píldoras en las boticas ocasionó que se creara un ambiente social poco favorable para la sociedad sanluisina el cual debido a la influencia de la creciente zona de tolerancia terminó por perjudicar todos los sectores de la comunidad. La zona de tolerancia, conformada por cantinas, garitos y moteles representaba un daño moral para la sociedad.

En la localidad, las boticas disfrutaron de un auge económico durante la década de los sesenta y los setenta del siglo XX. Estas mismas estaban administradas por diversas familias con amplia presencia económica y política como la familia Apodaca Huez, agentes aduanales y contadores públicos quienes además de poseer el periódico local Brega, administraban la Botica Santa Martha, la farmacia central administrada por la familia de los doctores Tapia, la botica y consultorio Araiza administrada por el doctor y Jefe del Departamento de Salubridad (1967-1970) Felipe Araiza Martínez, la botica San Luis del médico y empresario Ricardo González Lobo y la botica y consultorio del doctor y presidente municipal (1970-1973) Jorge Flores Valdés. Todas las familias y figuras mencionadas fueron simpatizantes del Partido Revolucionario Institucional, quien hasta entonces ejerció un poder hegemónico en México y San Luis Río Colorado, una notable relación entre poder político, poder económico y el sector médico el cual sirvió para financiar carrera política de ciertas figuras y asociaciones de la localidad. Asimismo, existieron otras boticas con menos peso y presencia económica como lo fueron la Farmacia Juarez, la Botica Kino, la Botica Miranda y la Botica Cruz Blanca.

Boticas, Violencia y Marginalidad

A medida que las boticas proliferaban hubo un incremento en los casos de intoxicación por consumo de píldoras, las cuales a su vez se relacionaban con la zona de tolerancia en la periferia de la localidad. Meretrices encontradas con sobredosis en moteles, personas intoxicadas en el área de las cantinas y jóvenes arrestados tras incautárseles píldoras fueron algunos de los tópicos normalizados durante este periodo. Uno de los casos que trascendieron como parte del proceso de alerta ante el incremento de la venta ilegal de píldoras fue el de Leticia Viramontes, una meretriz quien bajo los efectos de dichas sustancias atentó contra su vida en un cabaret de la zona de tolerancia, este caso destapó una realidad vivida en la comunidad y delata los excesos de la vida nocturna. Ante la presente situación, el Dr. Felipe Martínez Araiza, jefe del departamento de salubridad convoca a una junta con los dueños de las boticas locales pone en marcha una serie de medidas enfocadas en la detención y prevención de la distribución y consumo de las mismas o mejor dicho por la prensa “para detener la desmedida venta de pingas”. Estas medidas radicaron primordialmente en clausurar las boticas y farmacias que operen en la irregularidad, multar a quienes no mantengan control en la distribución de estas e implantar una unidad de servicio secreto la cual operara directamente en los centros de vicio para vigilancia de la problemática.[4]

La campaña emprendida por la regularización de negocios a partir de la clausura y multas no se abstuvieron solo para las boticas y farmacias, sino de igual manera aplicó para las cantinas y cabarets de la zona roja. Todo establecimiento de ocio y perjuicio que no estuviera regularizado corría el riesgo de ser clausurado por las autoridades municipales de salubridad. De esta manera, lo largo del año 1969 las autoridades emprendieron una cruzada contra dichos centros de vicio, especialmente los que se encontraban en las cercanías de instituciones bancarias, templos, sanatorios o escuelas, siendo el Lobys Bar el primero en clausurarse a causa de dicha campaña.[5]

Si bien las campañas fueron medianamente exitosas referente a la clausura de algunas boticas, la violencia y la fatalidad seguía imperando en la localidad, pues, en septiembre de 1969 se da un suceso histórico en la localidad, donde en un lapso de 72 horas, 26 personas fueron detenidas por robo, posesión y consumo de píldoras, ¿la particularidad? Todos menores de 18 años con edades que oscilaban entre los 13 y 16 años.[6] Este suceso representa dos lecturas del mismo fenómeno, por una parte, la campaña es encaminada al éxito por la detención y captura de 26 individuos, mientras que, por otra parte, el vicio, la criminalidad y la violencia han permeado tanto dentro de la población que hasta los menores de edad están inmersos en las propias dinámicas de los bajos fondos de San Luis Río Colorado.

Los años sesenta fueron sin duda alguna una alerta para las autoridades y la comunidad en general, pues a partir de entonces se comenzó una ardua labor donde se sumaron esfuerzos tanto de ayuntamiento, la ciudadanía y la prensa para la implementación de una campaña moral. Institucionalmente, las políticas gubernamentales se enfocaron en desplazar la zona de tolerancia hacia las periferias de la localidad en un plazo de dos meses a partir del incidente con los menores, quedando pactada oficialmente la clausura de dicha zona el 21 de noviembre de 1969.[7] Las familias por su parte se manifestaron en dichos espacios públicos en contra de la venta de píldoras y licor, para que finalmente, la prensa adoptara un discurso moral no solo exhibiendo a dichos centro de vicio sino publicando notas, columnas y cartas abiertas por la labor moralizadora en la localidad.

Perspectiva Periodística

La narrativa periodística varió dependiendo el contexto, en un primer momento de dicha crisis, el periódico Tribuna de Sonora[8] fue de los primeros en señalar esa clase de actividades en el año de 1966, volcándose directamente contra las boticas y los boticarios, principalmente a la de las familias Apodaca, Tapia y del Dr. Jorge Flores Valdés. Si bien, estas acusaciones se engloban en un contexto de contienda política, no demerita la denuncia pública que en sus páginas se encuentran. De esta manera, en la sección “Kaskabel” redactada por Xavier “El Gato Félix” Soria, se increpa a dichos negocios catalogándoles de “pildoreros”, “delincuentes” y “contrabandistas”, aprovechando para señalar al grupo de boticarios como los patrocinadores de la Makzocon, debido a que, los mismos establecimientos patrocinaban distintos periódicos de la localidad como lo fue El Mexicano, La Voz de la Frontera, Extra y Brega.[9]

Otra faceta de la narrativa adoptada por el periodismo local fue apelar a un lado más moral del comportamiento social tanto de la ciudadanía como de los traficantes. De esta manera, a lo largo de este periodo las columnas de los periódicos se utilizaron para difundir reflexiones condenando las problemáticas que dañaban a la ciudadanía. El caso que mejor ejemplifica este proceso fue el de la siguiente nota titulada A Ti Comerciante en Drogas, publicada el 16 de septiembre de 1974 en el periódico Brega.

Tu, comerciante en drogas, que has envilecido a la juventud para ganar dinero, donde quiera que estes, reflexiona un momento, por favor y contempla tu obra, las cárceles, los hospitales, las correccionales, los manicomios y panteones, todos llenos con tus víctimas, y a esto añádele el sufrimiento que ocasionas. ¿Qué te parecería que a tus hijos les regalara yo mariguana, pastillas toxicas, cocaína y una vez enviciados, les vendiera estas drogas, tal y como tú lo haces con los hijos de los demás? (sic)[10]

Ambos aspectos, tanto el señalamiento a los boticarios, como a la ciudadanía, convergen en el uso del periódico como un instrumento de acción política capaz de influir en la opinión pública. El diferenciar la buena conducta del perjuicio fue un importante eslabón para la construcción moral de la población que durante estas décadas contaba con tan solo 30 años de haberse municipalizado y fijado un proyecto político estable.  Durante este periodo en la prensa surgieron palabras clave para identificar esta clase de campaña como lo fueron “pildoreros”, “daños morales” y “espacios familiares”, poniendo especial énfasis en los núcleos sociales como la empatía. Asimismo, durante gran parte de este proceso de campañas moralizadoras la prensa tocó temas como lo fueron los roles de género, la masculinidad, la feminidad, el patriotismo y las infancias.

Reflexiones Finales

El poder y la narrativa son algunos de los factores que influyen determinadamente en el devenir de un proceso sociocultural. El caso específico de la proliferación de las boticas en San Luis Río Colorado implica comprender las relaciones de poder entre los grupos hegemónicos con alta presencia social y su capacidad de alterar o no el discurso en torno a dichas problemáticas.

Este primer acercamiento metodológico al estudio de la distribución ilegal de narcóticos en la localidad revela una fracción de la profundidad que representa dicho fenómeno, donde se relacionan las disputas políticas, las familias predominantes, la marginalidad de los grupos de atención prioritaria y la perspectiva periodística. Siendo el presente trabajo un esbozo de toda la dinámica, se debe matizar aún en las relaciones existentes entre los conflictos sociopolíticos y las propias dinámicas de la zona de tolerancia, asimismo, es necesario disponer de la polémica de los centros de vicio como ancla de la proliferación de estupefacientes y la propia juventud.

Referencias.

Periódicos

Brega

Extra

La Voz de San Luis.

Tribuna de Sonora


[1] Carta de la Unión de Profesionistas Universitarios de San Luis R. C., Sonora hacia el presidente municipal de Caborca, 1 de mayo de 1953. Archivo Histórico del Municipio de Caborca. Colección Comisaria de San Luis Río Colorado. La Voz de San Luis. 10 de septiembre de 1952 (pág. 1)

[2] La Voz de San Luis. 2 de agosto de 1952. (pág.2)

[3] La información referente a los comercios de la localidad fue consultada directamente en los espacios publicitarios de los periódicos locales Extra, Tribuna de Sonora, Brega y El Mexicano. Por otra parte, la afirmación del comisario se recuperó del oficio núm. 396, comisario de policía Eligio Matus al presidente municipal de Caborca, 10 de septiembre de 1936. Archivo Histórico del Municipio de Caborca. Colección Comisaria de San Luis Río Colorado.

[4] Extra. 28 de enero de 1969. (pág. 1)

[5] Extra. 23 de septiembre de 1969. (pág. 1) La problemática de la cercanía de centros de vicio e instituciones es un fenómeno que se había abordo con anterioridad por la comunidad sanluisina, un año antes, en 1968 se escribió una carta abierta en el número 180 del periódico local Brega hacia el presidente municipal Rafael Leyva Castro en la cual se expone el caso de una cantina la cual está en la ruta que siguen los niños para llegar a su destino escolar, levantando molestias e indignación en la comunidad de padres y madres de familia.

[6] Extra. 25 de septiembre de 1969. (pág. 1,4)

[7] Extra. 8 de noviembre de 1969. (pág. 1)

[8] Tribuna de Sonora fue un semanario local de oposición política el cual se publicó durante el año de 1966 teniendo un total de 26 números antes de ser censurado por la Asociación de Periodistas de San Luis Río Colorado “Armando Ives Lelevier” (APSLRC). Fue fundado por Clemente Arizona Corona (empresario local e inspector de precios desde 1964 hasta 1966) y dirigido por Jorge Villaseñor (expresidente de la APSLRC).

[9] Tribuna de Sonora. 10 de noviembre de 1966 (pág. 2)

[10] Brega. 16 de septiembre de 1974. (pág.15)

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